DULZAINAS FLAUTAS DE CAÑA ACORDEONES
INSTRUMENTOS DE CUERDA DE PERCUSIÓN
CLASIFICACIÓN ORGANOLÓGICA. HISTORIA.
La organología se encarga del estudio de los instrumentos musicales, atendiendo a sus fundamentos acústicos, su historia, su función, su clasificación... El estudio de los instrumentos de la música tradicional es uno de los campos más interesantes de la Etnomusicología1.
La clasificación de los instrumentos puede hacerse según variados criterios, de los que destacan los siguientes:
- tipológico
- de uso: lúdico, ritual, religioso, pastoril, laboral, educativo
- histórico
En la música tradicional de las tierras del Jiloca encontramos las familias de instrumentos propias del área del Mediterráneo occidental, con las características regionales correspondientes.
La clasificación organológica más usual es la que propusieron Curt Sachs y Erich Hornbostel2, en función de la manera en que cada instrumento emite el sonido. Siguiendo su esquema, los instrumentos tradicionales utilizados en estas comarcas en las últimas décadas los agruparíamos así:
Instrumentos de percusión:
- Idiófonos: rascadores, palos, castañuelas, cucharas, carracas, matracas, campanas, cencerros, cascabeles, esquilas, triángulo, platillos, mortero, almirez
- Membranófonos: a) percutidos: tambores, panderos, pandereta; b) frotados: zambomba, mirlitón
Aerófonos:
- De boquilla: cuerno, trompetas
- De pico y bisel: flautas, silbatos y reclamos
- De lengüetas: gaita (dulzaina), clarinetes
- Otros: acordeones, armónica, melódica, armonio, órgano
Cordófonos:
- Punteados: guitarra, guitarrón, guitarro, guitarrico, laúd, laudín, bandurria, bandurrín, mandolina
- Frotados: violín
Haciendo un breve repaso histórico a los instrumentos tocados en la región en tiempos anteriores, se podría citar en primer lugar al órgano, cuya importancia fue más que notable. Además de los famosos organistas que residieron en Daroca, numerosas parroquias contaron con órganos o armonios y con intérpretes especializados. Su uso eclesiástico fue en aumento desde el siglo X (órganos positivos) hasta su apogeo en la Edad Moderna3.
En lo referente a la percusión, el uso del tambor parece que se intensificó en Europa en la Baja Edad Media4. También en aquella época se extendió el uso de las campanas en las iglesias, que se convertiría en costumbre europea; unos instrumentos estos de carácter estrictamente comunitario, hechos para anunciar las nuevas, llamar a misa o dar la alarma; las campanas provenían del lejano Oriente, y se solían afinar en la, nota que determinaba el diapasón en la música china.
En la Edad Media existieron diversos tipos de vihuelas de arco y rabeles; los datos (escritos y gráficos) sobre albogues y gaitas de fuelle son más escasos e imprecisos.
Alguna referencia mayor existe en torno a los jayales (flautas de carrizo), exequieres y axabebas, instrumentos de viento propios de un tiempo que fue muy favorable a la música instrumental.
Las dulzainas estaban ya vinculadas al mundo pastoril; al paso del tiempo, en una amplia zona acabaron siendo el principal referente de toda la música rural. Como repetidamente se ha señalado5, existen zonas geográficas con dominio de la dulzaina, otras con preponderancia de las flautas, y otras con un mayor uso de las gaitas de fuelle; sin entrar en mayores explicaciones, reseñar que tanto el Sistema Ibérico como el Valle del Ebro, el Levante y gran parte de la Meseta quedan en el área de la dulzaina.
Hasta el siglo XVIII, el gaitero (dulzainero) solía ejercer de único instrumentista melódico, y se acompañaba de algún percusionista. En esa época se propagó la costumbre del dúo de dulzainas6, favorecida por la mejora en la construcción de instrumentos –que permitía una mejor afinación- y un aumento de interés por este tipo de música.
En lo referente a los instrumentos de cuerda punteada, decir que las familias de instrumentos (guitarra, laúd, mandola, cistro) quedaron definidas a partir del Renacimiento (no antes); desde ese momento, se dio en Aragón, Valencia y Castilla un proceso paralelo que otorgó mayor dominio a los instrumentos emparentados con la vihuela –guitarra, guitarro y guitarrico-; los cuales, acompañados de la bandurria y el laúd, dieron origen a la rondalla.
Muchos otros instrumentos han tenido algún papel en la música de la comarca, ya fuera en el ámbito más tradicional o en otros círculos; así, el sacabuche, los clarines, las trompas y chirimías, etc. No se conocen referencias concretas en la zona de las flautas de tres agujeros, del tambor de cuerdas ni de la zanfona. La gaita de fuelle (gaita gallega) aparece citada en algún momento del siglo XVIII, pero después sólo aparece ligada al estamento militar.
A lo largo de la realización del presente trabajo, hemos observado diversos instrumentos de los utilizados por los músicos populares a lo largo del tiempo. A continuación nos referimos a algunos de ellos.
Dulzainas

El instrumento más emblemático de la música popular de las tierras del Jiloca aparece en la comarca con diferentes tipologías. Además de las piezas que hemos observado directamente contamos con las descripciones recogidas a algunos informantes, y con los datos de algunas colecciones de instrumentos.
El modelo básico es el bien conocido de siete orificios por la parte anterior del tubo y uno por la posterior. Otros más antiguos constan de sólo seis agujeros en la parte del anverso; y son frecuentes las modificaciones hechas a los instrumentos a posteriori.
A lo largo del siglo XX, varios gaiteros de la zona se construyeron sus propias dulzainas. Alguno de ellos, como Francisco El Medianero, de Odón, marchó a vivir a Valencia –en los años 30-, desde donde llegó una importante influencia musical para la dulzaina. En la última mitad de siglo, ciertos músicos han combinado el uso de gaitas de construcción propia con otras traídas de Valencia. La mayoría de los gaiteros de oficio emplearon preferentemente gaitas en tonalidad de la; así sucedía con el célebre Tío Caramba de Cutanda.
En la Sierra de Cucalón y el Alto Huerva se detecta que hubo un notable tráfico de dulzainas, de diferentes tipos, hasta época reciente, debido a que allí convergían las rutas de pastoreo7. De las localidades de Bea, Lanzuela y Fonfría parecen provenir algunos de los ejemplares más curiosos. Uno de ellos (la Dulzaina de Fuenfría, nº 729 del Catàleg) pertenece al fondo del Museu de la Música de Barcelona. Esta dulzaina tiene seis agujeros para la melodía en el anverso, dos en el reverso -lo que la emparenta con algunas musettes (chirimías) francesas- y cuatro en la parte inferior para la resonancia. Este ejemplar, aparte de por sus características musicales, destaca por el labrado que presenta en la madera. La decoración que incorpora fue reconocida por los informantes de Allueva como típica de toda la zona cuando se la mostramos en una fotografía; no se hacía siempre, había algunas dulzainas lisas, sin decorar.
En Allueva se hicieron dulzainas hasta mediados del siglo XX; la manufactura de las gaitas era un saber familiar. El último constructor que se recuerda se llamaba Generoso Martín, quien tenía familia en la localidad de Fonfría, en donde sus parientes también debieron de fabricarlas. Igualmente en Fonfría, la famila Pérez construyó dulzainas. Según nos informó en el pueblo Presentación Pérez, su tío Marcelino Pérez había sido pastor de joven, y había construido dulzainas. Marcelino estudió magisterio con posterioridad y emigró a Cuba. Otro familiar, Benito Pérez, marchó a Barcelona y fue él quien legó la dulzaina al Museo de Barcelona, tal vez hecha por él mismo.
Según nuestros informantes de Allueva, las dulzainas se hacían indistintamente con pino y roble por toda la zona de la Sierra de Fonfría. Julián Sancho, el Tío Pistolo, es recordado aún en Allueva por sus dulzainas; las construía con madera de roble, y solía tocar una dulzaina hecha por él, más larga de lo habitual; se desconoce si ésta alcanzaba las dimensiones del requinto. Se cuenta que Julián recibió la instrucción de Hilario, un militar de origen gallego, que estuvo en el pueblo durante el largo período del paso del frente en la Guerra Civil.
En Barrachina las dulzainas se hacían con madera de noguera. Se recuerdan especialmente las que fabricaba el Tío Agudo, quien murió hacia 1950.
En Castejón de Tornos, localidad ubicada entre Gallocanta y el Jiloca, se halla una dulzaina que presenta siete orificios alineados en la parte anterior, y uno en la posterior. Su torneado es liso, y su aspecto rojizo la asemeja a las grallas de Cataluña. Parece que la séptima abertura del anverso fue añadida por el ejecutante (que es desconocido); ésta resulta prácticamente inaccesible al dedo meñique, debido a su colocación centrada. La tonalidad del instrumento parece ser la de sol, pero el mal estado del instrumento impide una comprobación adecuada; pudiera ser que tapando el orificio superior (con un dedo o con cera) diese la escala de la. Según los informantes, el instrumento puede llevar en el pueblo unos 150 años.
Otra gaita peculiar nos fue mostrada por Serafín Abad Meléndez, en Torrijo del Campo. Se trata de un instrumento de forma parecida al típico modelo valenciano, pero sin ornamentaciones ni refuerzos en la campana. Presenta una rotura de importancia en el pabellón, pero a pesar de ello su propietario toca con ella numerosas melodías. Está en tonalidad de la, aunque su afinación es defectuosa. Su dueño le calcula unos 150 años de antigüedad, y la supone construida en madera de árbol frutal (peral, probablemente). Las lengüetas de caña se las ha fabricado siempre él mismo; las hace muy gruesas y resulta muy difícil hacerlas sonar.
Flautas de caña o de pastores

Las flautas de caña han sido de uso común entre los pastores de la región durante siglos; aún alguno conserva la tradición. Se hacían de dos tipos: de pico (la más común, con muy distintas variedades, casi siempre con un corcho introducido en la boquilla) y travesera.
Hemos observado ejemplares de flauta de pico tanto con seis como con siete orificios en el anverso. En lugares como Castejón de Tornos y Odón, o en los pueblos de la sierras de Cucalón, Herrera y Fonfría y del río Pancrudo, ha habido una importante tradición de elaboración de este tipo de flautas, siempre ligada al pastoreo. Francisco El Medianero, Francisco El Setica y Lorenzo Blanquero son algunos de los constructores conocidos para el caso de Odón.
Los pastores de Atea, Cubel y Acered fueron hábiles constructores de flautas de pico. Lo habitual en esa zona eran flautas con seis o siete agujeros. Eran por allí frecuentes las reuniones en el monte de hasta diez o doce pastores, que se juntaban a charlar, y a tocar la flauta como uno de sus mayores entretenimientos.
De manera similar se construían en Allueva, donde se recuerda a Paulino Burriel como el más aplicado constructor y el mejor intérprete. Sus flautas llevaban a menudo algún tipo de decoración, según las informaciones obtenidas, pero no se conserva ningún ejemplar.
Más referencias sobre flautas de este tipo hemos obtenido en Barrachina, Herrera de los Navarros, Santa Cruz, Odón, Blancas y Lechón. Unas flautas distintas por el material empleado eran las que se hacían en Piedrahíta, en donde se empleaba el saúco.
Los tipos de flauta más diferenciados son los que se encuentran en la Sierra de Herrera (Santa Cruz, Noguera y Herrera de los Navarros), en donde se le denomina más comúnmente gaita. En Herrera de los Navarros vive Miguel Anadón, que construyó su flauta de caña y la toca con un estilo muy propio desde joven.
Acordeones

No hay datos concretos sobre la fecha de llegada de los primeros acordeones a la comarca. Se conoce su uso en algunos lugares desde principios del siglo XX. Con posterioridad, Manuel Brusca de Olalla, Moisés el Ciego de Monreal, Julio Valentín de Bello, Aurelio Roche de Calamocha o Marcos Moreno de Torralba de los Frailes han sido algunos de los acordeonistas conocidos en la zona.
El acordeón diatónico no tuvo una excesiva difusión; parece que llegó más tarde que a otras áreas, y fue desplazado pronto por el acordeón piano. Del tipo diatónico hemos visto algunos ejemplares de cierta antigüedad (Calamocha, Torrijo, Olalla). Los acordeones piano son más frecuentes, pero todos los observados son de fabricación bastante reciente.
Un pequeño acordeón diatónico se conserva en Torrijo del Campo, en propiedad de Julián Samaniego; tiene una fila de llaves de latón, con la que se tocaba la melodía.
Un instrumento similar pero más robusto estuvo en uso en Castejón de Tornos (pertenecía a los propietarios de la dulzaina de este pueblo ya descrita); hoy día se conserva en Calamocha como recuerdo de familia. Este tipo de instrumentos, sencillos y accesibles, facilitaron la difusión de nuevos gustos musicales.
Otro acordeón diatónico es el perteneciente a Manuel Brusca, vecino de Olalla. Es un instrumento de los años 30, de dos filas de botones para la melodía, afinado en sol/do; en sus tiempos sonó a menudo como protagonista del baile dominical del pueblo. Parece ser un acordeón de origen italiano recompuesto en Valencia. Manuel Brusca lo adquirió en Murcia cuando cumplía el servicio militar, y en aquella ciudad tocaba para el baile semanal para los soldados. De regreso a Olalla, Manuel tocó unos años para los mozos del pueblo, hasta que, cansado de ser requerido a todas horas, compró una radio gramola, que sustituyó al músico y su instrumento.
Guitarras

La guitarra es el instrumento más difundido y utilizado en la zona; su uso fundamental es el de acompañamiento para las voces cantoras, ya sea en rondas, reuniones sociales o encuentros familiares.
Una de las guitarras con más historia de las conservadas en la comarca es la perteneciente a los Herreros de Torralba de los Sisones; su dueño, Andrés Pardos (n. 1906), natural de Castejón de Tornos, nos explicó que el instrumento fue adquirido en el comercio musical de Mariano Bin, en Zaragoza, en los años 40.
Con esta guitarra, Tomás Bugeda, uno de los Ciegos de Checa, daba clase a los rondadores de Torralba en los inviernos. Cada alumno mantenía en su casa al maestro una semana; como quiera que llegó a haber hasta 20 alumnos en el pueblo, se puede decir que Tomás tuvo en Torralba una segunda residencia.
En Checa (Guadalajara) visitamos a la familia de Tomás y Ernesto Bugeda. Su hermano Sebastián nos mostró los instrumentos que utilizaron aquellos dos grandes músicos. Dos de sus guitarras fueron compradas en la tienda de Mariano Bin, en Zaragoza. Una de ellas es de serie; la otra tiene una tapa armónica de alta calidad, que da un sonido muy suave, y es algo más pequeña de lo normal; seguramente fue construida por encargo.
En Monreal del Campo aún se conserva una guitarra de siete cuerdas, modelo que tuvo su mayor difusión en el primer tercio del siglo XX. El ejemplar citado es actualmente propiedad de Juan Hernández Muñoz; lo había tocado su padre, Francisco Hernández, en la rondalla Los Chatos; tiene el clavijero de madera y fue adquirido en Valencia hacia 1900, en donde al parecer estaba el único fabricante de esta variedad de guitarra.
e. Guitarros y guitarricos
Los guitarros se asemejan a una pequeña guitarra; cuentan con cinco cuerdas, y su afinación característica es si, fa #, re, la, mi. Los guitarricos son de menor tamaño y cuentan con cuatro cuerdas. Ambos instrumentos, emparentados con otros similares existentes en Venezuela, Canarias, Levante o Castilla, han tenido una amplia difusión en la zona, en especial como integrantes de la rondalla. La mayor parte de los ejemplares eran adquiridos en Zaragoza y Valencia.
Bandurrias y laúdes

Estos instrumentos han juegan un papel destacado en las rondallas, y se usan también para acompañamiento de solistas. Su origen parece estar en torno al siglo XIV. Desde el siglo XVIII cuentan ambos tipos con seis órdenes de cuerdas dobles, ya que fue entonces cuando se añadió el orden grave a la bandurria. La afinación de ésta es sol #, do#, fa#, si, mi, la.
Las variedades más utilizadas durante las décadas anteriores pueden observarse en detalle gracias a los instrumentos conservados (en Monreal, Calamocha, Embid, etc.). En algunas rondallas se han utilizado también el laudín y el bandurrín. La bandurria se afina comúnmente en
Los Ciegos de Checa y los Ciegos de Morenilla (ambas poblaciones de la provincia de Guadalajara) fueron sus intérpretes más valorados en la comarca en los años 40 y 50, y acudían con frecuencia a tocar a las fiestas de los pueblos.
Durante el siglo XIX, las bandurrias más apreciadas eran las de La Primitiva Valenciana; en el XX lo han sido las de los Sanchís de Masanasa (Valencia), cuya tercera generación de luthiers está hoy activa. Se recuerda también un constructor de bandurrias de Zaragoza: Manuel Embid; c./ Roda, 24.
Estos instrumentos eran en ocasiones adquiridos en las tiendas de Zaragoza de Casa Luna (c./ Don Alfonso, nº 29) y de Mariano Bin (ubicada en Espoz y Mina, nº 34); pero muchos ejemplares llegaron directamente desde Valencia con los temporeros. Se recuerda en la comarca el amplio uso del laúd por parte de los agosteros levantinos, que tocaban conjuntamente instrumentos de cuerda, flautas, clarinetes, panderetas e incluso acordeones y armónicas.
Violín
El violín fue muy utilizado en la música popular de la comarca en el siglo XIX. Quedan en la memoria algunos datos de violinistas en Odón, Bello, Cimballa y otras localidades. El Tío Simón, director de la Banda de Bello y de los Dances de Odón y Used, y el Tío Lamberto, de Odón, fueron dos de los impulsores del instrumento a principios del XX, al integrarlo en bandas y rondallas. En la guerra civil se produjo el fallecimiento del joven Lamberto, y la actividad musical de los pueblos del Campo Bello decayó. En la posguerra, el violín experimentó algún retroceso, aunque se siguió tocando en Monreal, Calamocha, Bello, Gallocanta, Torralba de los Sisones, Tornos y otras localidades.
Tomás Bugeda, de Checa, fue un violinista destacado de aquel periodo. Su violín no se conserva en el pueblo, y se desconoce cual fue su paradero. Tomás enseñó a tocar el instrumento en varias localidades, entre ellas Torralba de los Sisones; allí, los Herreros nos mostraron un viejo violín, que recuerdan haber cambiado por un saco de patatas a un húngaro de los que iban a hacer cine por los pueblos, en los años cuarenta.
En Gallocanta, Juan Antonio Miguel Visiedo y su hijo Herminio nos mostraron otro violín de los que sonaron con frecuencia en la comarca entre los años 40 y 50; lo tocaba el propio Juan Antonio, con sólo tres cuerdas. Preguntado sobre cómo lo adquirió, nos contó lo esperado: lo cambió a un húngaro por un saco de harina.
h. De percusión: el Pandero

Entre los instrumentos de percusión llama la atención la llamada pandereta que aún se conserva en Loscos. Estos instrumentos de gran tamaño, que podríamos describir como panderos de marco estrecho con sonajas, se tocaron posiblemente en una amplia zona. Hemos recogido referencias de los mismos en Bea, Loscos y Blesa.
La pandereta o sonaja de Loscos contaba, en su estado original, con 15 pares de sonajas. Tiene unos 60 cm de diámetro, y el parche era de piel de cabra. A finales del XIX lo tocaban las mozas para acompañar sus cantos, especialmente los de las sanjuanadas. Se recuerdan algunas tocadoras de la primera mitad del siglo XX; después se perdió la tradición y se olvidaron los toques.
En Bea, esta pandereta de gran tamaño la tocaban los chicos a los novios en las bodas. También hubo mujeres tocadoras; las últimas murieron en los años 50 del pasado siglo.
Copyright © Lahiez y Manuel Sánchez, 2000-2008
NOTAS PARA ESTE APARTADO
1. Entre los estudios generales de organología popular tradicional se pueden citar el artículo de A. Vergara: “¿Útiles o fósiles? Los instrumentos musicales populares”, Trébede, nº 0; el de José A. de Donostia y J. Torres: “Instrumentos de música popular española”, Anuario Musical, 2; el de M. García Matos: “Instrumentos musicales folklóricos de España”, Anuario Musical, 9 y 11; y los libros de J. Jenkins: Instruments de musique ethnique; de F.-R. Tranchefort: Les instruments de musique dans le monde; y de VV. AA.: L’Instrument de musique populaire. Usages et symbols.
2. Curt Sachs y Erich Hornbostel: “Classification of Musical Instruments”, Galpin Society Journal, 14, pp. 3-29 (1961).
3. En la obra de Pedro Calahorra Historia de la música en Aragón (siglos I-XVII) se pueden leer detalles de los organeros que trabajaron en Aragón (véanse las pp. 127 y ss.). La Seo y San Andrés de Calatayud contaron desde antiguo con importantes órganos. Entre los organeros que trabajaron en la comarca del Jiloca se cuenta a Damián Puche (en Daroca, 1551-1564), Guillaume de Lupe (en Paracuellos, 1565, y en San Miguel de Daroca), Gaudosio de Lupe (hijo del anterior, trabajó en Daroca), Tiburcio Sans (nacido al parecer en Cella) o José Sesma (que trabajó en Montón). La calidad de los constructores se vio correspondida por la categoría de los organistas (Juan Castillo, Pablo Bruna, Pedro Carpi, Pablo Nasarre, Miguel de Ambiela, Francisco Xaraba, Diego Xaraba, Rafael Escuín, Jerónimo de la Torre, Juan Oriz, etc.), que tuvieron su centro en Daroca, lugar que debió de contar con una escuela de formación musical, en opinión de Calahorra.
4. Según Phillippe (Las metamorfosis de la Humanidad: la Guerra Santa, pg. 147) fueron los hunos, avaros y magiares los que introdujeron el tambor en la música medieval europea; la expansión de su uso como acompañante de flautas y chirimías se habría dado a lo largo de toda la Edad Media.
5. Martínez Torner y otros autores se ocuparon ya en los años cuarenta de establecer unas áreas de dominio de unos instrumentos y otros. En esta línea, en Aragón se han observado las áreas de dominio del chiflo (Viejo Aragón), de la gaita de boto (cuenca del Cinca y aledaños) y de las dulzainas (tierras del Ebro, Teruel).
6. Quijera explica el hecho para la música popular de La Rioja (Danzas Tradicionales de La Rioja, pg. 297). En el caso del Sistema Ibérico aragonés no conocemos datos concretos anteriores al siglo XVIII; las citas documentales a gaiteros, en plural, pueden referirse a la formación de gaitero solista con percusionista(s). Del siglo XVIII tenemos ya menciones a piezas para trompas (Manuscrito de Cubel). En la música oficial y culta de Daroca y Calatayud sí hay constancia de combinaciones de varias chirimías, clarines y otros instrumentos en fechas anteriores.
7. El dato nos fue corroborado por Francisco Laínez Gómez, de Navarrete del Río, quien nos describió algunas dulzainas habidas en la zona, y nos explicó que él mismo se dedicó a mercadear con instrumentos musicales y otros objetos.